Lara (Arruabarrena)

Lara Arruabarrena en Bogotá.

La victoria fue como una sonrisa eterna. Una incontrolable marea de emociones radiantes. Una luz en medio de la nada que inundó miles de corazones. Llegó por sorpresa, cuando nadie parecía esperarla. Fue la primera vez. Por eso quedará grabada a fuego en la retina y por eso su valor dejó de ser enorme para convertirse en gigante. En tiempos difíciles, una estrella en el firmamento opaco. Lara Arruabarrena. Una figura especial dispuesta a revertir la orfandad que atraviesa el tenis femenino español. A sus 19 años, la jugadora tolosarra logró en Bogotá su primer título en el circuito WTA. Quedó, además, a las puertas de formar parte de las 100 mejores jugadores del planeta. Aún hay esperanza.

Esta es la historia de una niña que soñó ser la protagonista del cuento. El valle del río Oria encierra los susurros de un relato desconocido. Allí pasó gran parte de su infancia viviendo entre raquetas. Allí deseó ser tenista. Allí llegó un entrenador de la Federación que quedó enamorado de sus condiciones. Luego sería Antonio Capella, su actual técnico, el encargado de convencerla para trasladarse a San Cugat y desarrollar en Barcelona cada una de sus virtudes. El plan funcionó. Fue una ruta larga, oscura y dura. Recompensada, no obstante. El sueño se cumplió ayer. No existe satisfacción más grande que recoger los frutos después de sudar sangre.

Arruabarrena ganó su primer trofeo profesional en Colombia. Sucedió ante Alexandra Panova. Un triunfo que bien vale todo el esfuerzo anterior. Una victoria escrita paso a paso. Lentos pero seguros. Distintos. En una época de fuerza, control. Ante los arriesgados misiles que son alma del circuito, golpes seguros. La liturgia de aguantar. De resistir. Poner en pista siempre una bola más como método de supervivencia. Así escribió su primera gran obra.

Más allá de la rival, más allá de la técnica, la táctica o el resultado, las emociones. Pocos rostros puede presumir de ganar un título llegando desde atrás. Pocos, también, pueden hacerlo de levantar una corona en una posición tan lejana de la clasificación (174). Lara sí. Saboreó las mieles del cielo partiendo desde la sombra. Ahora ya la conocen. La observaran porque su bautizo ya ha tenido lugar. Es una más.

Es el comienzo de Lara. El principio de su historia. Las primeras letras de oro que avalan todo un proyecto de trabajo, superación y pundonor. Podrán pasar días, años o décadas y el camino más seguro hacia el éxito seguirá siendo esa conjunción perfecta de valores. Arruabarrena los conoce. Son sus mejores armas. Con ellos ya ha llegado. Siguiendo el sendero que le ha llevado hasta su primer triunfo debería seguir evolucionando. Sus condiciones son ideales para aspirar a metas más altas. De Tolosa, a Bogotá. De Bogotá, al universo.

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